Los agentes antimicrobianos (ATB) pertenecen
a uno
de los grupos de drogas más frecuentemente empleados, tanto en
medicina humana como veterinaria. Son también sin ninguna duda,
uno de los grupos más incorrectamente y peor usados de la
medicina humana y veterinaria.
Un análisis realizado por un grupo de
expertos sobre 340 casos de medicina humana (Roberts and
Visconti,
1972) en los cuales el profesional actuante indicó la
administración de ATB al paciente, arrojó los siguientes
resultados respecto a su prescripción:
razonable
12.9 %
discutible
21.5 %
completamente
inadecuada 65.6 %
48 pacientes (14.12%) sufrieron
reacciones adversas.
Entre éstos se determinó que el uso de ATB era discutible
o francamente irracional en el 92% de los casos.
En medicina veterinaria, la mala praxis en cuanto al
uso de ATB se extiende también a su empleo como aditivo en
diversas formulaciones alimenticias.
Antes de entrar a detallar aspectos
específicos de la terapia con ATB en reptiles es necesario
considerar ciertos aspectos generales que son aplicables a cualquier
terapia que se pretenda realizar sobre EFS (Especies de la Fauna
Silvestre).
El concepto de especie, desde el punto de vista
zoológico, no es a veces comprendido en toda su magnitud cuando
se lo enfoca desde el punto de vista de los veterinarios e
investigadores que sólo han tratado con los denominados
"animales domésticos" y de laboratorio.
En el caso de los domésticos, a lo largo de
miles de años de crianza controlada por el hombre han alcanzado
un grado de homogeneidad genética, que inicialmente tal vez no
fuera buscado como lo es en la actualidad. En algún momento de
la historia, el hombre descubrió que seleccionando los mejores
animales de sus rebaños como reproductores, podía mejorar
la calidad de la descendencia; así nació, mucho antes de
ser conocida como tal, la ZOOTECNIA, que buscaba fijar determinados
caracteres hereditarios deseables y eliminar otros indeseables.
Con el correr del tiempo, a medida que avanzaba el
conocimiento científico, una nueva arma se sumó al
arsenal humano en busca de mejores métodos de producción
animal (y vegetal); la GENÉTICA, que permitió saber
cómo y por qué se producían esos cambios en la
expresión física (fenotipo) de los seres vivos y
estudió sistemáticamente los genotipos.
Comienzan a aparecer entonces, especies
artificialmente modificadas mediante retrocruzas (cepas de inbreeding
en animales de laboratorios por ejemplo) en las que se busca una
estabilidad genética que permita obtener descendencia
predictible y la mejora del ganado mediante inseminación
artificial.
En el presente, la ingeniería genética
permite la manipulación de los genes a un nivel tal que supera
la imaginación de quiénes no son especialistas en el
tema. (ie. modificar el genotipo de una especie para que produzca una
sustancia determinada).
Indudablemente los animales que los primitivos
pastores criaban, debieron sufrir enfermedades muy diversas que fueron
tratadas, probablemente, con las mismas medicinas que el hombre usaba
para curarse a sí mismo. Esta Medicina Veterinaria primitiva,
fue desarrollándose sobre el animal como fuente de alimento y
posteriormente consideró algunas especies como animales de
compañia, lo cual llevó a que existieran especies
"importantes" desde el punto de vista veterinario (especies para
consumo fundamentalmente) y otras que no lo eran (Fauna Silvestre).
Como resultado de esto, la Medicina Veterinaria,
hasta no hace mucho, se ocupó de especies con un grado de
homogeneidad genética que se da en muy pocos y especiales casos
en las especies silvestres (grupos confinados a islas, etc.).
La única constante en la FS (Fauna Silvestre)
es la variabilidad. Esta variabilidad es precisamente la que permite la
subsistencia de las especies, mediante la supervivencia de los
individuos que están adaptados a un medio ambiente cambiante
lenta pero incesantemente. Es necesario comprender aquí, que no
son las especies, las que evolucionan per se para adaptarse a un
determinado cambio, sino que por el contrario, es el cambio en
sí mismo el que hace que sólo sobrevivan las especies ya
adaptadas o las capaces de adaptarse a él.
La biodiversidad a nivel de individuo
(genética) es la que brinda a las especies la capacidad de
permitir que algunos individuos sobrevivan a los cambios del medio
ambiente y eviten la extinción. Es aquí donde encontramos
que individuos de la misma especie pero de distintas áreas
geográficas, por ejemplo, pueden poseer diferentes complejos
enzimáticos. (Barrio, 1952; Barrio et al, 1966). Es necesario
destacar aquí que no estamos hablando de diferentes subespecies,
ni tampoco especies o géneros distintos, nos referimos a
ejemplares de la misma especie pero de diferentes procedencias
geográficas, separados en algunos casos por unos pocos cientos
de kilómetros.
La terapia a base de ATB en EFS, y en caso que nos
ocupa, específicamente a reptiles, debe realizarse en forma
empírica en la gran mayoría de los casos. La razón
de ello es por un lado la inexistencia de estudios
farmacocinéticos sobre ATB (y todas las drogas en general) en la
gran mayoría de las EFS, y por otro lado la aplicación de
uno de los postulados de la farmacología: los regímenes de
administración de fármacos no son extrapolables a
especies diferentes.
Las conclusiones a partir de pruebas de
farmacocinética de quimioterápicos en EFS deben resultar
de un ANÁLISIS DE DATOS efectuado con un enfoque diferente
al empleado en animales domésticos y de laboratorio. En tal
sentido me parece importante citar a Prescott & Baggot (1988):
"Many areas in veterinary
antimicrobial chemoteraphy require more work.
For example, criteria for interpreting antimicrobial susceptibility
tests need to be agreed upon for the different animal species;..."
Los reptiles son más sensibles a factores
capaces de alterar la farmacocinética en cualquiera de sus
etapas (absorción, distribución, biotransformación
y excreción) que los animales de laboratorio y/o
domésticos; algunos de estos factores son:
Vía y zona de
administración
"Binding"
Edad, sexo, peso, estado sanitario,
estado
fisiológico
(preñez, celo, etc.)
Ritmos circadianos y circanuales
Tolerancia y taquifilaxia
Intolerancia o hipersusceptibilidad
Alergia o hipersensibilidad
Stress por los procedimientos de
sujección y muestreo
Stress por las condiciones de
alojamiento (tipo de box o
corral,
espacio físico por animal, temperatura, fotoperíodo,
humedad, ionización ambiente, ruidos, olores de otras especies,
etc.)
Stress por cambio del personal que
atiende los animales
Stress social, cuando los animales
son mantenidos en
comunidad y
existen ejemplares dominante
Manejo: alimentación,
horarios de trabajo regulares
,etc
Entre los factores citados, la
temperatura juega en
los reptiles un papel preponderante en razón pertenecer
estos al grupo de los poiquilotermos.
Existen con seguridad, factores cuya existencia
ignoramos, en razón de las diversas adaptaciones de la FS a sus
nichos ecológicos específicos. También
desconocemos el grado de susceptibilidad de cada especie a los factores
ya conocidos.
Hasta el presente, no hemos podido recoger datos de ninguna
institución oficial o privada que desarrollara en Argentina
algún programa de investigación referido a
farmacocinética de quimioterápicos en especies
silvestres. Sólo el C.E.I.H. (Centro de Estudios e
Investigaciones Herpetológicas) de Dolores ha realizado
estudios de cinética de cefoperazona en ofidios y lagartos y
quelonios (Speroni et al, 1989, 1994).
La bibliografía existente sobre FQEFS
(Farmacocinética de Quimioterápicos en Especies de Fauna
Silvestre) en especies exóticas resulta también escasa,
si bien existen varios grupos de investigadores dedicándose a
este tema en sus respectivos países.
En lo que a reptiles respecta, los primeros estudios
cinéticos serios sobre ATB fueron realizados por Bush et al,
1976, continuándose luego con nuevos grupos de trabajo (Teare et
al, 1983; Lawrence, 1984, 1986; Mader et al, 1985, 1991; Clark et al,
1985; Bush et al, 1985; Jacobson et al, 1988; Page et al, 1988;
Wagner et al, 1989; Hilf et al, 1991) que permitieron obtener
conocimientos sobre el comportamiento de amikacina, carbenicilina,
ceftazadime, cloranfenicol, gentamicina, piperacilina, ketoconazol e
ivermectina en algunas especies de serpientes, tortugas y alligator.
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